La hija del Este de Clara Usón


La hija del Este, Clara Usón, Seix Barral, 443 pág. (más o menos)

Será a finales de febrero cuando Clara Usón publique La hija del Este en Seix Barral. He tenido la oportunidad de leer la novela, basada en una investigación periodística que llevó a Clara a seguir la pista de Ana, la hija del militar serbio Ratko Mladic. Ana se suicidó poco después de volver de un viaje a Moscú.
No desvelaré demasiadas claves, aún es un poco pronto, pero advierto que es una de las ficciones más impactantes que se han escrito sobre los Balcanes. La autora ha enfocado aquella realidad desde una perspectiva insólita e inesperadamente arriesgada, al atreverse a especular sobre el perturbador golpe que recibió la joven Ana cuando descubrió que las matanzas que su venerado padre  ordenaba ejecutar quizá no estuvieran tan justificadas como una vez creyó.
Además de perfilar los caracteres de Radovan Karadzic y Slobodan Milosevic para ubicar mejor el papel que desempeñó Mladic en la expansión Serbia, además de ofrecer una impresionante cantidad de datos que acercan de un modo aún más escalofriante a lo que allí ocurrió, Usón explora la afectividad doméstica en la familia Mladic, los días rusos de Ana, su trastorno al captar las incomprensiblemente críticas miradas y palabras que otros dedicaban a su padre... Observar a un Mladic tierno o amable aporta otro ángulo a la imagen que se ha difundido hasta ahora del carnicero oficial de Milosevic. La proximidad de aquella guerra, el hecho de que miles de damnificados de ambos bandos mantengan caliente el odio, hará aún más difícil de digerir para muchos la idea de que al fin y al cabo el monstruo era un hombre.
Quizá se abra algún debate sobre la oportunidad de publicar un libro así cuando las heridas continúan frescas o sobre las técnicas empleadas en el libro para fundir ficción y no ficción, pero mucho más allá de cualquier polémica, la obra de Usón es un impacto, una desgarradora sacudida en la línea de flotación, sobre todo, de un Occidente que contemporizó con el horror a sus puertas. Y un aviso sobre cuánto podemos llegar a engañarnos, o sobre cómo se nos puede engañar.
Hay escenas sin duda reales de una crudeza física y moral dignas de avergonzarnos como especie. Hay un interesantísimo abanico de recursos literarios para abordar informaciones verídicas de una manera creativa. Hay un desafío a los cómodos y los cobardes, una llamada a intervenir antes de que sea tarde. Hay una fidelidad a Tolstoi, Chéjov y tantos autores rusos que acompañan a Usón en su trayectoria, una fidelidad que va más allá del estilo porque tiene que ver con ese peso distinto con el que aquellos grandes transmitieron su ética a los lectores. Y, sobre todo, hay una escritora capaz de cuadrar una obra memorable con frases y sentencias al alcance de muy pocos, una escritora que sabe que “rara vez amamos a nuestros acreedores” y que hay un tipo de “aflicción impura, teñida de alivio”.
Hay serbios que han leído el texto sin saber quién era el autor y creen que algo así sólo pudo escribirlo un serbio, o un autor regional. Un halago involuntario que sugiere la solvencia  de la obra.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sentarse en la barandilla, no tomar partido aunque sea en pequeños detalles o maneras, envalentona a los radicales y les da una falsa justificación moral que desemboca en grandes trajedias. Paso antes, esta pasando ahora, pasara en el futuro........